Fenomenos naturales registrados por los astronomos mesoamericanos

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Astronomía mesoamericana

Los mayas del Clásico, en particular, desarrollaron una de las astronomías anteriores al telescopio más precisas del mundo, con la ayuda de su sistema de escritura completamente desarrollado y su sistema numérico posicional, ambos totalmente autóctonos de Mesoamérica. Los mayas del Clásico comprendían muchos fenómenos astronómicos: por ejemplo, su estimación de la duración del mes sinódico era más precisa que la de Ptolomeo,[1] y su cálculo de la duración del año solar tropical era más preciso que el de los españoles cuando éstos llegaron[2].

En el año 46 a.C. Julio César decretó que el año estaría compuesto por doce meses de aproximadamente 30 días cada uno para hacer un año de 365 días y un año bisiesto de 366 días. El año civil tenía 365,25 días. Este es el calendario juliano. El año solar tiene 365,2422 días y en 1582 había una discrepancia apreciable entre el solsticio de invierno y la Navidad y el equinoccio de primavera y la Pascua. El Papa Gregorio XIII, con la ayuda del astrónomo italiano Aloysius Lilius (Luigi Lilio), reformó este sistema suprimiendo los días del 5 al 14 de octubre de 1582. De este modo, se volvió a alinear el año civil con el tropical. También suprimió tres días cada cuatro siglos al decretar que los siglos sólo son bisiestos si son divisibles uniformemente por 400. Así, por ejemplo, 1700, 1800 y 1900 no son años bisiestos, pero sí lo son 1600 y 2000. Este es el calendario gregoriano. Los astrónomos utilizan el calendario juliano/gregoriano. Las fechas anteriores al 46 a.C. se convierten al calendario juliano. Este es el calendario juliano proléptico. Los cálculos astronómicos devuelven un año cero y los años anteriores son números negativos. Esto es la datación astronómica. En la datación histórica no hay año cero. En la datación histórica, el año 1 a.C. va seguido del año 1, por lo que, por ejemplo, el año -3113 (datación astronómica) es el mismo que el 3114 a.C. (datación histórica)[3].

Astronomía y calendario de la civilización maya

«En el año 2 Cañas (1507 en el calendario gregoriano), los residentes de México experimentaron el trágico ahogamiento de 1800 guerreros en un río del sur de México, un eclipse solar, la terminación del templo del Fuego Nuevo donde la gente celebraba la ceremonia del nuevo ciclo de la vida (se repite cada 52 años) y la ocurrencia de un terremoto».

Para un historiador, este registro podría parecer una documentación general de acontecimientos del pasado. Para los sismólogos, sin embargo, esta línea de valor incalculable es uno de los primeros registros escritos y fechados de un terremoto en América.

Los códices, o antiguos manuscritos escritos, como el Telleriano Remensis citado anteriormente, proporcionan a los investigadores una ventana a la vida cotidiana de las civilizaciones. Los historiadores utilizan los códices para entender cómo funcionaban esas civilizaciones en el pasado y cómo veía la gente el universo. Estos manuscritos contienen información vital sobre organizaciones religiosas y políticas, tradiciones públicas y privadas, conocimientos astronómicos y fenómenos naturales.

En un estudio reciente publicado en Seismological Research Letters, el sismólogo Gerardo Suárez, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y la antropóloga social Virginia García-Acosta, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, presentan la documentación de 12 terremotos en el Telleriano Remensis, que abarcan desde 1460 hasta 1542. El descubrimiento amplía el registro sísmico cinco siglos más atrás de lo que se conocía hasta ahora.

Astronomía maya

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La astronomía babilónica parece haberse centrado en un grupo selecto de estrellas y constelaciones conocidas como estrellas Ziqpu[1] Estas constelaciones pueden haber sido recogidas de varias fuentes anteriores. El catálogo más antiguo, Three Stars Each, menciona estrellas del Imperio acadio, de Amurru, de Elam y otras[cita requerida].

Se utilizaba un sistema de numeración basado en sesenta, un sistema sexagesimal. Este sistema simplificaba el cálculo y el registro de números inusualmente grandes y pequeños. La práctica moderna de dividir un círculo en 360 grados, de 60 minutos cada uno, comenzó con los sumerios[2].

Durante los siglos VIII y VII a.C., los astrónomos babilonios desarrollaron un nuevo enfoque empírico de la astronomía. Comenzaron a estudiar y registrar su sistema de creencias y filosofías que trataban de una naturaleza ideal del universo y empezaron a emplear una lógica interna dentro de sus sistemas planetarios predictivos. Esta fue una importante contribución a la astronomía y a la filosofía de la ciencia, por lo que algunos estudiosos modernos se han referido a este novedoso enfoque como la primera revolución científica[3] Este enfoque de la astronomía fue adoptado y desarrollado en la astrología griega y helenística. Las fuentes clásicas griegas y latinas utilizan con frecuencia el término caldeos para referirse a los astrónomos de Mesopotamia, considerados como sacerdotes-escritores especializados en astrología y otras formas de adivinación.

Calendario maya

La observación del cielo era de considerable importancia para los mayas, aztecas y otros pueblos rehisanistas de Mesoamérica. Su familiaridad con las regularidades del movimiento aéreo del Sol, la Luna y las estrellas brillantes está atestiguada por una gran cantidad de datos astronómicos contenidos en códices e inscripciones jeroglíficas monumentales. El estudio de las alineaciones arquitectónicas también ha revelado que los edificios cívicos y ceremoniales estaban orientados en gran medida por motivos astronómicos, sobre todo a los amaneceres y puestas de sol en determinadas fechas, lo que permitía el uso de calendarios de observación que facilitaban una programación más rigurosa de las actividades agrícolas y de los rituales asociados en el ciclo anual. Tanto el conocimiento exacto como otros concetos derivados de la astronomía revelan que el significado atribuido a ciertos eventos celestes por los antiguos mesoamericanos puede explicarse en gran medida en términos de la relación de estos fenómenos con hechos ambientales y culturales concretos, como los cambios climáticos estacionales y las estrategias de subsistencia. La astronomía, entrelazada con las ideas y prácticas religiosas, tuvo un encaje tan importante en la cosmovisión y, en consecuencia, en la ideología olítica de las sociedades mesoamericanas.




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